jueves, 31 de octubre de 2013

Concurso Literario CIC 2013

Estos son todos los textos que participaron del concurso. Muchas gracias a todos por su trabajo creativo, ¡felicitaciones!

1ero “A”  “Lo que pasó en mi escuela”
                En 1999, en una escuela de monjas, en el aula de 1er grado, la alumna Samanta estaba escribiendo con tinta y al escribir tanto una palabra hizo un agujero en la hoja. Vino la monja para ver si había terminado la tarea y, al ver el agujero de la hoja, la arrancó, le hizo un gorro y se lo puso en la cabeza.
                Tocó el timbre del recreo y le hizo dar vuelta por toda la escuela mientras que todos los chicos se reían de ella y, desde ese día, Samanta nunca más borroneó la hoja y fue la más prolija.
                                 Natalia y María

1ero “B”   “Sin título”
                Ya se habla del libro maldito desde hace 20 años, cuando se lo encontró por primera vez. Este libro es tan descomunal e impactante que puede traerle grandes y terribles consecuencias al que lo lea, ya que su nombre está tan maldito como el nombre del que lo escribió que, por supuesto, no nombraré, porque si lo hago, quizás no siga con vida mucho tiempo más, al igual que todo aquel que lo lea.
                He aquí el libro escrito con un puñal, en vez de pluma, un puñal remojado en sangre, en sangre de esclavo, cuya alma no puede dormir en paz hasta que este crimen termine.
                Enfocándonos en donde comenzó todo esto, fue a fines del año 1700.
                El general de una tropa española comienza a vender esclavos, ya que ellos no pueden pelear.
                El general, de nombre maldito, tenía un hijo, antes de ser símbolo satánico. El niño se llamaba Miguel y era completamente inocente, casi sin prejuicios raciales, envenenado día a día con las manipulaciones de su madre, que era escasa de cordura, y las discriminaciones de su padre.
                Miguel escuchaba desde su casa, sentado en su silla, apoyado contra la mesa, sintiéndose culpable por las atrocidades que cometía su padre. Mientras lo escuchaba, o más bien, escuchaba el látigo de su padre cuando castigaba a sus esclavos por estar exhaustos en el piso, sin aliento y deshidratados, con los pies torcidos y sucios, los tendones estirados. Las manos rojas por la propia sangre que caía de su espalda.  Todo eso es lo que llevó a Miguel a hacerle una simple pregunta a su padre: “Padre, ¿por qué le hace eso?”. Sin darse cuenta alguna de que sería el error más grande de su vida, o, simplemente, sus últimas palabras.
                Su propio padre le dio un golpe en la cara, con la mano derecha, en la mejilla izquierda, haciendo que se golpee la nuca contra su propia mesa, dejándolo completamente sin pulso.
                El general no sabía qué hacer, no era su intención matarlo, sólo se había enojado mucho.
Abrió las puertas de su casa y salió corriendo, como si no hubiera un mañana ni un ayer.
                Desde ese día, en el que poca gente lo vio correr mirando su propia sombra, no se lo volvió a ver. Recién hasta después de cinco años volvió con una cicatriz que le llegaba desde su mentón hasta un poco después de la ceja.
                Desafortunadamente, lo que esperaba sí se cumplió.
                Cuando llegó a la casa, se encontró con la puerta cerrada y algo cambiada. Tocó la puerta y esperó. Unos veintitrés segundos más tarde le abrieron. Preguntó si podía pasar, esperando que la gente que estaba ahí adivinara que él era el anterior dueño de esa casa.
                De alguna manera inesperada, lo dejaron pasar.
                Le quitaron el sombrero y lo colgaron en el perchero que estaba al lado de la puerta, como si no fuera la casa del general. Aunque, realmente, sí era suya, porque jamás la vendió.
                Recorrió la casa, sin timidez alguna.
                Se dirigió al patio, esperando ver a sus antiguos esclavos, maltratados y lastimados, pero lo único que vio fue a sus viejos esclavos, pero con su ropa, que había dejado en la casa.
                De repente abrió los ojos, y luego los apretó demasiado, tanto, que salieron lágrimas. Frunció la nariz, se rompió los dientes apretándolos entre sí. Le sangraban las manos, de tanto que se las apretó, y las venas ya parecían serpientes enfurecidas que estaban a punto de salir de su nido. El viejo general gritó tan fuerte que se quedó mudo de por vida. Sacó un puñal de su bolsillo y cometió el segundo peor error de su vida.
                Llegado el año 2012, donde justo en la casa del general, hay una escuela, doscientos diecinueve años después, un alumno, cuyo nombre no recuerdo, encontró un libro escrito hecho de cuero y papel. El alumno abrió y tenía cuatrocientas dieciséis hojas, de las cuales sólo dieciséis estaban escritas.
                Él observó el libro y lo olió. Tenía olor a sangre, que supongo, ninguno de ustedes reconocería.
                De repente, se dio cuenta de cuatro cosas: no tenía aliento, no tenía calor, la vista se le nublaba y no estaba respirando automáticamente. Hasta que se dio cuenta de que estaba en medio de un pasillo, sin sonido alguno, son pocas luces y los baños oscuros.
                Caminó lentamente, cantando una canción en su mente.
                Miró sus manos por un segundo, ya que quería mirarlas por mucho tiempo, pensando que quizás algo podía atacarlo.
                Ya estaba llegando al final del pasillo, casi aliviado completamente. Repentinamente, un mueble de atrás, al fondo, se cae, dejando hojas y hojas en el piso.
                El chico corrió hacia el final del pasillo, donde están las dos puertas para salir al patio, pero escuchaba pasos, que estaban corriendo hacia él, a punto de chocarlo.
                Decidió saltar corriendo hacia el costado y esquivar lo que sea que sentía que pasaba por delante suyo.
                Miró hacia atrás rápidamente y corrió más rápido, aunque no logró ver nada. Con el libro abierto en la mano, pateó la puerta del patio y salió, teniendo un lugar más abierto para escapar.
                Se subió a la bandera y, tratando de remediar lo que pasó, leyó el final, donde decía: DEL CORONEL RUBÉN OPS.
                Inmediatamente la bandera se cayó al piso, y arriba del chico, aplastándolo por completo.
                Y murió, sin saber que el que escribió el cuento tenía un nombre maldito, y eso fue lo que lo hizo morir. Tampoco supo que, el que escribió este cuento, fui yo, el Coronel Rubén Ops, y ustedes lo están leyendo, por lo cual, ya están malditos de por vida.

            Ángel


2do “A”      “Morirás en siete días”
                Un día una niña de nueve años fue a la casa de los abuelos, pero ella no los encontraba. Entonces, salió al patio trasero y vio que una niña sin ojos y con la boca llena de sangre estaba estrangulando y apuñalando a sus abuelos. Aterrorizada, se escondió bajo su cama. Pero la niña sin ojos fue en su busca, entonces salió a un pasillo, pero la niña sin ojos la empujó y cayó por las escaleras. Ella fue y le mordió el brazo y le dijo: “Morirás en siete días”… Se hizo humo y nunca más se volvió a ver. La niña de nueve años estaba sangrando. Pasaron los días, pasó el primero, el segundo, el tercero, el cuarto, el quinto, el sexto… y la niña asustada esperaba el último día: ¡el séptimo día!
La niña fue al médico y le dijo al doctor que una niña sin ojos la había mordido y ese día la iba a matar. El médico la curó, pero no le hizo caso; al recuperarse de los nervios el doctor le aconsejó que es día se quedara en reposo. La niña le contestó: “Pero doctor, hoy me viene a matar…”
                Al mediodía de ese mismo día, la niña escuchó pasos, gritos, risas, sombras, y se dio cuenta de que le caía sangre de su ojo derecho. Asustada, llamó a un doctor, pero no había nadie. Cuando volvió para acostarse, detrás del ropero se escuchaban risas y frases que decían: “Te mataré, te mataré…”
                La niña giró su cabeza. Vio entonces a la niña sin ojos con una navaja. Ella quiso correr, escapar, pero  no pudo; la niña sin ojos la mató.
                Al día siguiente, cuando el doctor fue a verla, había un charco de sangre y una nota que decía: “Usted no le hizo caso y murió, y ahora es su turno”. El doctor asustado fue a su oficina y se encontró con la niña… Llegó el peor momento… lo mató.
                No se supo más de ella hasta que hoy vino a mi casa para darme una nota para vos que decía: “Abrí bien los ojos, cerrá bien tu armario y cuando vayas a dormir mirá a todas partes porque estaré esperando la hora de tu muerte, las doce del mediodía, ¡juajuajua!”.
                                                      Ezequiel

“La bruja y los niños”
                Había una vez, en un cierto lugar donde la bruja vivía, una casa de caramelos. Cuando dos niños estuvieron paseando por el bosque atravesaron por la casa de la bruja y vieron que había muchos, pero muchos caramelos. Se asomaron a la casa y comenzaron a comerlos. La bruja gritó: “¿Qué pasa? ¿Por qué se comen mi casa?” y los niños se asustaron. La bruja los agarró y los metió en la casa, y al niño le dio mucho que hacer para que le cocine, y a la niña, de sirvienta. Cuando la bruja ya estaba calentando el horno, le fue a dar de comer al niño para que esté gordo y su hermanita la empujó. Los dos hermanos, libres, se fueron a su casa con sus padres, los abrazaron y vivieron felices.


3ero “A” “El nene asesino”
                Esto es lo que pasó en mi colegio…
                Se trata de un nene de 8 años de edad al que le hacían bullyng, porque los compañeros si insultaban porque  tenía sobrepeso. Entonces el nene decidió matarse. Fue a la cafetería del colegio y tomó “veneno de ratas”; fue lo primero que encontró.
                Al sentirse mal, salió de la cafetería y entró a un aula donde había varios muñecos de peluche; agarró un oso, lo abrazó como para calmar el malestar y en ese momento, se murió.
                Cuando la profe Ana fue al aula vio al nene muerto; inmediatamente gritó, hizo salir a todos los profesores y alumnos e inmediatamente el director llamó a emergencias. Pero nadie sabía lo sucedido con el oso…
                La profe Ana, al querer mucho al nene, supo que debía llevarse al oso con ella, sin tener idea de que el alma del nene se había encarnado en la del oso… La profe Ana tenía al oso en el escritorio y dijo que el que se portaba bien se iba a llevar todo un día al oso para su casa.
                Al terminar el colegio, Kevin, que era uno de los compañeros del nene que había muerto, se lo llevó para su casa. Kevin estaba jugando con el oso en el patio de su casa, y así pasó la tarde.
                Cuando ya era hora de dormir, Kevin se fue a dormir con el oso. Al rato se dio cuenta de que el oso ya no estaba junto a él; se levantó y fue a buscarlo por toda la casa; cuando lo encontró, lo agarró y de repente el oso giró la cabeza y le dijo que iba a morir.
                Kevin lo soltó y gritó: “¡Mamá! ¡Mamá! El oso me quiere matar…” El oso saltó a la cabeza de Kevin y lo hizo caer por las escaleras y murió, y la mamá gritó.
                Al día siguiente, la mamá de Kevin fue al colegio y habló con la profe Ana. Le dijo que su hijo Kevin había muerto, que se había caído por las escaleras. Le trajo el oso que le había prestado y se fue llorando del colegio.
                La profe Ana se puso a llorar y, de repente, empezó a mirar al oso y vio una mancha de sangre, pero no le dio importancia.
                A la semana siguiente se lo volvió a dar a otro alumno, Alan, quien se había portado bien. Alan se lo llevó y también murió; sucesivamente fueron muriendo todos los compañeros que habían muerto.
                                      Cristian 

“Sombras”
                Estaba muy asustado, entré súper rápido a la escuela, llegué tan temprano que ninguno de mis compañeros había llegado. Yo me siento, pero ellos seguían ahí, sentados atrás mío. Quise pensar que estaba alucinando o que quizás no había dormido bien, pero no, yo estaba perfecto, eran ellos que me seguían todo el tiempo, me aterrorizaban sus miradas penetrantes, como si quisieran saber algo de mí, pero no lograba saber qué era.
                Pasó una semana y todavía estaban ahí, sentados, esperándome en el aula. Eran sombras negras, totalmente negras.
                Ya no duermo, tengo miedo de ir a la escuela, pero no puedo faltar.
                Fui el lunes, me senté en el baño, aparecieron esas sombras de la nada y me desmayé.
                                               Sol 

“Misterio no resuelto”
                En la época de mi padre, su escuela estaba como encantada. Pasaban cosas raras en el baño de chicas, pero nunca resolvieron el misterio. Ahora que estamos en el 2013 iré yo a investigar esa escuela y veré si siguen pasando cosas extrañas.
                El 17 de julio fue el primer día que empezó mi investigación. Entré en la escuela, pero se veía todo normal, no sucedía nada, sonó el timbre del recreo y empecé a escuchar ruidos extraños. Seguí los ruidos y me guiaron las baño de chicas, cuando estaba pro entrar había dos alumnas, así que supuse que pudieron haber sido ellas.
                Las chicas, al verme, se asustaron y me empezaron a pegar. Gritaron llamando al director, que llegó diciendo “¿Qué sucede?”. Él quería una explicación, así que le conté lo que pasaba hace años y de algunos casos raros.
                El director, al escuchar lo que decía,  se reía de mí y no me creía nada. Así que le quise demostrar lo que yo pensaba y sospechaba. Lo llevé al baño justo cuando no había nadie y tocaba el timbre, pero lamentablemente no sucedió nada; el director me dijo que si yo volvía a esta escuela llamaría a la policía.
                Yo, por no meterme en problemas y al tener miedo, me retiré. Pero quería saber lo que pasaba, así que cuando salí, le grité en la puerta de su colegio: “¡En esta escuela suceden cosas extrañas y sabrá que los alumnos piensan igual que yo!”.
                El director se quedó pensando en lo que dije. Pasó salones por salones preguntando si a ellos le pasaban cosas o habían experimentado esas cosas raras. Los chicos le dijeron que sí pasaban esas cosas. El director se dio cuenta de que era verdad, así que me llamó, entonces seguí con mi investigación. Al día siguiente, un chico desapareció; al otro día, desapareció otro más.
                Lo horrible es que no pude descifrar el misterio. Yo había perdido las esperanzas, así que no me quise meter en tantos líos y problemas.
                                   Víctor 

“Amor del colegio”
                Y lo vi por primera vez en este año, no diría que es la primera vez que lo veo pasar, ni que lo acabo de conocer. Pero sí que lo miro de esta forma… Él estaba caminando de una manera muy particular; incluso me daba risa verlo tan despistado, sin notar la existencia de nadie, sólo él… caminando por el  pasillo del colegio.
                Yo estaba sentada en el patio con mis amigas, él jamás me notaría, era invisible a su mirada. Quizás me conocía de vista, pero jamás se detuvo a mirarme como yo lo miro a él.
                Noté que Milagros me descubrió observándolo, con lo que me dijo: “Anda, cariño, jamás será tuyo”. Sonreí: “Tranquila, Melu, nunca me fijaría en él”. Dije eso con el alma dada vuelta al darme cuenta  de que él jamás estaría con alguien como yo.
                Luana, animando la conversación, dijo:
-¿Por qué no? Yo creo que sí, no creo que sea un chico creído, ni una persona delicada, hablale… no perdés nada con eso.
                Milagros miraba con cara fea, pero yo, sin embargo, me animé… Me paré con valor y decidí acercarme a él; no lo pensé dos veces, no quería arrepentirme. Los nervios aceleraban mi corazón y por dentro me repetía: “¿Qué estoy haciendo?  Quedaría ridícula al acercarme y hablarle. Oh, no, no puedo hacerlo, tengo que volver con Milagros y Luana”. Pero al darme cuenta, él ya estaba enfrente mío.
                Me miró con cara rara, haciendo una mueca hermosa, y yo helada de nervios: “Ay, no, ¿qué estoy haciendo?”, pensaba… No me salían las palabras, fue sólo quedarme callada y mirarlo a los ojos.
-¿Hola? (ese “hola” de “¿te conozco” que salió de esa voz fue increíble).
- Hola, per… perdón, es que te vi solo y pensé que… podía sentarme a tu lado … y hacerte compañía. Yo pensaba: “¿Para hacerte compañía? ¿Sentarme a tu lado? ¿Dios! Soy una completa estúpida, se estará riendo por dentro y yo humillándome”. Con una sonrisa muy simpática responde:
- Claro, gracias. No siempre sucede que una chica se siente a mi lado con esa propuesta.
- Oh, quizás por ser tan lindo, cualquiera pensará no tener chances con vos. (“¿Quéeee? ¿Yo dije eso? Rayos, ¡Tragame tierra! Le habré subido el ego hasta el cielo…)
                Sonríe pícaramente.
-¿Chance? Pero si ya tengo el corazón guardado. Me miraba fijamente.
¿Qué quiso decir con eso? ¿Lo dejaron? O quizás… ¿estará esperando a alguien? ¿Me dio alguna iniciativa?
                El timbre tocó y todos entraban a sus respectivos salones.
-Creo que debo volver a mi curso- dije desganada. No quería irme, quería hablarle todo el día si era posible.
- Lamentablemente, yo igual… Me gustó hablarte, ¿nos vemos después?- dijo sonriendo. Mi corazón palpitaba a cien, mis cachetes ruborizados mucho no me ayudaban. Pero él… Él parecía una persona buena, simpática, sencilla. Perfecto, en simples palabras.
- Claro que sí, hasta más tarde- contesté rápido y fui junto a mis amigas.
-¿Y? -Dijo Luana, que parecía más emocionada que yo.
- Sólo hablaos… poco… casi nada.
-¿Te esperará a la salida?
- No, creo que no… Mejor así, casi me muero de vergüenza.
                Milagros estaba rara, nos empezó a apurar para que copiemos rápido y así poder retirarnos del cole. Yo no le di importancia a su rara forma de ser. Estaba muy feliz.
                Terminamos y nos retiramos… era un día muy loco y fuera de lo normal. Pero, ¿es que siempre debe suceder algo malo que hace que uno toque tierra, que uno crea en los cuentos de hadas? Y fue eso… Fue tomar el camino más largo a mi casa, fue querer dar saltos de felicidad y fue ver a mi amiga con el chico que me gustaba, con el que creí que sería mío, fue verlos a los besos y darme cuenta de que fui una idiota al no escucharla, al saber que nunca estaría a mi alcance, que nunca sería mío… Que su corazón sí lo tenía bien guardado.
                Las vueltas de la vida, no quise hacer ningún tipo de escándalo. Pero al darme vuelta, ellos notaron que yo estuve ahí. Me cambié de colegio, quizás no fue la mejor opción, pero era lo más aceptable que pude hacer, no supe nada más de él ni de ella, que creí que era una amiga.
                Dos años después, decidí darme una vuelta por ese colegio, me senté en el frente a recordar, volví a mi casa… Las cosas nunca volvieron a ser igual.
                         Sofía 

“Dolor, amor y esperanza”
                Hola, me llamo Elizabeth, quisiera contarles esta historia llena de dolor, amor y esperanzas.
                Me sucedió hace un largo tiempo, en mi adolescencia. Fue algo inesperado, no sé cómo empezar. Yo estaba en la secundaria, tenía 15 años, vivía con mis padres. Recién nos habíamos mudado y empecé a cursar tarde, así que por lo tanto yo era “la nueva”, la que todos observaban y a la que nadie se acercaba. Yo era de otra ciudad, así que algunas cosas se me hacían difíciles.
                Ya me estaba haciendo amiga de dos chicas, mis compañeras Rocío y Candela. Por suerte, como ya había dejado de ser la nueva, era un grupo común. Candela era la líder, yo era la lista y algo tímida, Rocío la linda pero falsa.
                Habían pasado semanas. Estábamos en clases y hablábamos sobre los países, estábamos estudiando y de repente escuchamos un grito de una profesora y de chicos. Todos nos miramos y la profe salió diciendo que iba a ver qué pasaba y volvía: “No hagan ruido, sigan estudiando”. Esperamos a la profe, pero se tardaba. Llegó luego gritando por los pasillos: “¡No salgan de las aulas, llamen a la policía, ayuda!”.
                Me acuerdo perfectamente de ese grito. Nos asomamos a la ventana que daba a la calle y no lo pudimos creer… personas muertas había. Era algo horrible y extraño por completo; la mayoría de loso chicos miraban películas o revistas de zombies y el mito o la leyenda se había vuelto realidad. Nos agarró pánico, miedo, terror, todo a la vez. No lo podíamos creer.
                Empezamos a llamar a la policía, a las familias, pero nadie atendía. Cerraron los teléfonos, pensamos, la policía no contestaba. Todos gritaban por la calle, cerraron las puertas de la secundaria. Nos decían los profesores y el director que mantuviéramos la calma, llorábamos porque los muertos mataban personas… era el “típico virus”, estábamos aterrorizados. Golpeaban las puertas de salida la gente que pedía ayuda, y lo peor era que no sabíamos nada sobre nuestra familia.
                Los chicos querían salir, largarse, irse a buscar a su familia. Así pasaba en todos los sitios: pasaban las horas y la angustia no la soportábamos más. Eran las 8 30 hs pm. La mayoría quería dormir, pero a causa del miedo casi nadie podía. Escuchamos un ruido por el pasillo;  el director y casi todos los profesores se fueron a ver qué era, si un chico o un muerto vivo. Lamentablemente… sí, no era un chico. Mordió a una profesora que se tropezó cuando empezaron a correr, la dejaron atrás y cerraron el pasillo con una gran reja.
                Un chico abrió la puerta de salida y corrió junto a casi todos. No sé en qué pensaban, yo sólo quería esconderme. Sobre un grupo de personas estaba Rocío; a Candela la habíamos perdido de vista. Enseguida un chico cerró la puerta y la trabó con un palo de escoba. No dejó entrar a nadie más. No sé cómo, pero por lo visto me había dormido. Al día siguiente, el chico que cerró la puerta me despertó y me gritó: “Despierta, nos vamos de acá”. Habían entrado los muertos vivos, algunos se salvaron, entre ellos yo, el que me despertó, dos chicas más y otro varón. Corrimos a todo lo que daba, enseguida paramos y mirábamos para atrás y nos dimos cuenta de que ya no estaban. El chico agarró un fierro tirado y caminábamos todos atrás de él. Escuchábamos ese sonido, significaba que se acercaban.
                Entramos a una casa abierta, prendimos la tele y los canales sólo decían que no salgamos de nuestras casas, que no era seguro. Decían que era un virus que venía de Irak, sólo eso, y no había más respuestas. Buscamos comida, cosas para defendernos… no sabíamos por cuánto tiempo esto duraría. Nos empezamos a conocer. El chico que me despertó se llamaba Lucas, el otro, Facundo; a las chicas no les pregunté. Yo estaba parada en la cocina pensando en qué pasaría con mis padres, mis amigos, mi vida.
                Llega Lucas y me dice: “¿Cómo estás?” Le pregunto cómo está él y le digo que yo estoy aterrorizada. Él me contestó que no tenía familia, que vivía solo, que no estaba tan preocupado por la gente cercana y se rió. Creo que me quería hacer sentir mejor y lo había logrado; nos quedamos charlando un rato mientras que los otros estaban discutiendo, vinieron y dijeron que regresemos porque esta casa era chica, no tenía comida y no era seguro.
                Estuvimos de acuerdo, agarramos cuchillos de la cocina, palos, fierros, cualquier cosa que nos sirviera para defendernos. Dijimos: “Mañana regresamos, se está poniendo demasiado oscuro”. Las chicas dormimos en el sillón y los chicos en unos colchones, tirados en el living.
                Al amanecer, me desperté. Primero quería ir al baño y fui, cuando salí escuché muchos golpes y me agarró pánico. Desperté a Lucas y a los demás. Agarramos las cosas como para defendernos, y a la cuenta de tres, salimos. Uno, dos y tres, adelante nuestro había un muerto vivo. Facundo corrió a la puerta y Lucas le dio tal golpe en la cabeza que el muerto cayó, y lo siguió golpeando hasta que ya no se movía. Sin darnos cuenta, otro se apareció detrás de mí y me agarró de la pierna para morderme, pero velozmente Facundo acabó con él. Lo miré a Facundo como diciendo: “Waaaaawwww”. Corrimos hacia la secundaria y antes de llegar vi a nuestro director convertido en ellos. Cuando entramos, lo único que recuerdo es que los chicos se encargaron de sacar a los muertos y a los mordedores. Acomodamos todo, tapamos y clavamos puertas y ventanas. La cafetería tenía muchísima comida. Pasaron tres meses y ya sabíamos cómo defendernos. Había días donde buscábamos provisiones.
                Un día íbamos a buscar personas. La secundaria no era tan grande, pero más gente sería aceptada. Antes de salir a buscar gente viva, recordé ese día donde Facundo me salvó de ser mordida. Le dije: “Facundo, sólo te quería decir gracias”.
-¿Por qué?
-Por los primeros días que me ayudaste.
-Ah, cierto,
- Es que, perdón por no agradecerte, con el miedo y el susto me olvidé de todo.
- No importa, tenía que hacerlo, ¿no?
- Jaja, bueno, gracias.
                En ese momento creo que Lucas se estaba poniendo celoso porque mientras nos esperaba, nosotros seguíamos hablando juntos. Cuando salimos a buscar personas, familias, amigos o lo que sea… vimos a mis padres convertidos.
                Perder un ser querido es triste. Perder dos es insoportable. Estaba acostumbrada a perder gente, siempre estábamos rodeados de muertos y creo que eso me ayudó.
                Otro día, estaba buscando con las chicas comida y conseguimos latas de carne y de sopas. Una de ellas me dijo que gustaba de Lucas. No es que me haya puesto celosa, pero me parecía algo simpático. Al llegar a la secundaria, Lucas me dijo que lo ayudara a cerrar unas ventanas. Le dije que sí, porque quería hablar con él. Se me ocurrió decirle sobre la chica, le conté y me dijo que a él no le gustaba. Me sentí aliviada, pero mal por ella.
                Una noche lo salvé yo a él. Creímos que lo habían mordido, pero yo confié en él y me quedé a su lado hasta el amanecer para ver si se convertía. Le confesé que si a él le llegaba a pasar algo, ya no podría soportarlo más. Porque perder tanta gente no era tan fácil como pensaba.  
                Él me dijo lo mismo sobre mí, no sé cómo, pero nos enamoramos.
                Estuvimos juntos mucho tiempo, hasta que a Lucas lo mordieron, nunca lo voy a olvidar.
                Nos mantuvimos en la secundaria dos semanas más y pasó lo inesperado: nos vinieron a rescatar. La mayoría de la población murió, muy pocos vivieron.
       Milagros


4to año: “Una historia del colegio”
                Un día había una fiesta en el colegio y a una persona no le gustó, se molestó y lanzó un hechizo para toda la escuela. Nadie podía entrar ni salir nadie; mucha gente intentó ayudar, los policías, la gendarmería, los bomberos y todo tipo de personas. Los chicos del colegio quedaron encerrados ahí y no se podía hacer nada.
                Cuando no pudieron soportar más la situación, fueron a buscar a la persona que había lanzado el tremendo hechizo. La encontraron por fin y le explicaron lo que sucedía. Ella entró en el lugar, sacó una caja  y la hechicera apareció. La chica se asustó y salió corriendo con la caja  en la mano; la hechicera la persiguió. Se puso al frente de la puerta y no dejaba salir a nadie; los alumnos intentaron ayudar, pero la hechicera congeló a la chica y tiró la caja, diciendo que era falsa. Luego exigió que trajeran ante ella la caja verdadera, y cuando la tuvo en sus manos, la abrió y salió de ella un polvo blanco. Finalmente, se fue el hechizo y la bruja se fue gritando; todos salieron del colegio después de diez meses de encierro, agradecidos a la chica que los salvó.
                
                           
“Te cuento algo que pasó en mi escuela”
                El día 2 de marzo (faltaban tres días para que empiecen las clases), estaba en mi casa sentada y pensando cómo podía hacer para anotarme en la escuela, ya que mi mamá  en las vacaciones tuvo un accidente   y quedó afectada su cabeza porque recibió muchos golpes, y no se podía mover.
                El día 3 tuve un sueño. Estaba en el colegio y todos me discriminaban, no tenía amigos, los profesores hablaban mal de mí, fue feísimo; todos se burlaban porque yo no tenía familia, solamente tenía a mi madre… Fue un sueño, pero desde esa noche no quise preocuparme más por alguien que me anotara en la escuela.
                El día 4, me levanté pensando en explicarle al director que no tenía familia y que mi única pariente era mi mamá, pero que ella ya estaba muy mal y no podía tomar ninguna decisión a causa de los golpes que la habían afectado. El 4 era el último día para pensar en qué podría hacer. Me levanté con todas las energías y me fui a comprar cosas de la escuela con la poca plata que me había dado mi madre. Fui al kiosco de la esquina de mi casa y no me alcanzaba ni para lo justo, seguí caminando y caminando y encontré una librería llamada “El colegio”. Entré y empecé a pedir las cosas, el hombre que me atendió estaba un poco raro y pensativo, entonces me dice: “Papito, ¿qué problema tenés?”. Yo lo miré,  noté que lo que me preguntaba era para ayudarme y no para burlarse, entonces le conté mi problema: tenía poca plata porque había gastado todo lo que tenía en los remedios para que mi mamá se recupere  y esté bien.  Él me dijo: “Niño, no te hagas problema, yo voy a ayudarte en todo lo que necesites”. Me regaló útiles y me anotó en el colegio sin que mi madre tenga que ir.
                El primer día  de clases entré al salón. Me miraban todos, me sentía raro, pero igual seguí adelante. Estaban todos en grupo y yo estaba solo, tocó el timbre y yo esperé que salgan todos del salón. Así fue como quedé con una chica.
                Al tocar el timbre para entrar en el aula noté que todos me miraban. Me sentía extraño, vino la preceptora y retó a la chica llamada Julieta por haberse quedado en el aula.
                Cuando era recreo, no sé qué pasó dentro mío que tuve que saltar y defenderla; fue así que la preceptora me retó por primera vez, pero yo me fui contento a mi casa por haberla protegido. Al día siguiente fui al colegio más arregladito, todo  preparado para que ella me prestara atención. Ella esta vez se sentó conmigo conmigo, pero no me hablaba ni para decirme que estaba ocupando toda la mesa (hecho que obviamente yo había llevado a cabo a propósito). Cuando tocó el timbre se fueron todos menos yo, pero la chica tampoco me dirigió la palabra.
                Pasó una semana de clases y vinieron unas personas que eran psicólogos. Nos preguntaban qué pasaba en nuestras casas y si estaba todo bien. Iban llamando uno por uno; cuando justo me tocaba a mí sonó el timbre. Se me caían las lágrimas al pensar que tenía que contarle de mi mamá. La chica me miró y me dijo: “¿Por qué lloras?”. Yo rápidamente me sequé las lágrimas y le dije que por nada; ella me pidió que le cuente, que guardaría mi secreto. No podía decirle que no, entonces le conté mi historia. A ella se le cayeron las lágrimas y me dijo que tenía la enfermedad que padecía mi madre, pero que afortunadamente su mamá era enfermera y la estaba curando.  Yo reí, tal vez de los nervios o tal vez por pensar que la madre me podía ayudar.
                Tocó el timbre y vino alguien a decirme que tenía que ir al gabinete. Mi nueva amiga me miró y me dijo: “No cuentes tu problema, yo te voy a ayudar, porque más adelante vienen enfermeros”. Yo no entendía nada de lo que me dijo, entonces ni bien entré en el gabinete me quedé en blanco. La psicóloga me preguntó si tenía algún problema y yo le contesté inmediatamente que no y me fui rápidamente a mi lugar. Julieta me dijo: “La semana que viene vemos por qué te hablo”.
                La semana siguiente vinieron doctores a visitarnos y yo, justo ese día, había faltado. Mi compañera Julieta a los dos días de esa visita me llamó en el recreo. Se acercó a mi oído y me dijo: “No quiero que te pongas ni bien ni mal, te quiero decir que lo hice por vos, porque me gustás”. Yo no entendía nada. Me pidió que me siente y me empezó a decir que ella tenía plata para comprar los remedios para su madre, por lo tanto, les había dicho a los doctores que la revisaran y cuando tuvo todos los remedios que le habían pedido me los regaló a mí.
Entonces yo me puse a llorar, la abracé y me escapé de ahí. Fui corriendo a mi casa para darle los remedios a mi mamá. Al pasar un tiempo largo ella se curó y pudo seguir adelante, y ahora está bien. Volví a la escuela muy contento; cuando llegué al aula me dijeron que estaba suspendido del colegio por haberme escapado. Le conté al director la felicidad que tenía por haber logrado que mi mamá recuperara su salud, pero él me respondió que era un problema familiar. Me puse mal, me fui a mi casa llorando y de repente me encontré con el señor que me había regalado los útiles y me abrazó y me dijo: “Joven, yo pedí el cargo de director porque lo ayudé con todo. Me enamoré de tu mamá, nunca te lo dije porque me parecía que lo ibas a tomar a mal”. Yo le contesté llorando y le dije que gracias, que nunca había tenido una familia, que para mí ahora era mi padre. Y así terminé yo con mi mamá y mi papá (el director): ¡Felicidad pura!
                        Naiara
5to
“La cruel dictadura”

                Hace mucho tiempo, en la época de los militares, había dos familias muy unidas. Los adultos eran amigos de la infancia y querían que sus hijos hicieran lo mismo. El tiempo iba pasando y cada día los militares hacían cosas peores de las que se veían; tenían miedo de que algo les pasara y casi ni se veían.
                Un día, decidieron salir a pasar juntos la tarde, ya que hacía rato que las dos familias no se reunían. Los chicos corrían, jugaban, se divertían y reían. De pronto dos militares se llevaron a uno de los hijos de una familia, y a los padres de los otros chicos.  Quedaron dos chicos con dos adultos que no eran sus padres.  Desesperados gritaban que no se los lleven arruinando ese día maravilloso que venían pasando.
                Al saber que quizás no se volverían a ver, la familia se hizo cargo de las criaturas. Se ponían a pensar y a hablar de por qué se los llevaban si sólo estaban paseando. Uno de los chicos le dice:
_ ¿Por qué hacen eso? ¿Cómo tienen corazón para destrozar así las familias?
                El hombre le contesta:
_ Hay muchas cosas que son difíciles de explicar. Ellos hacen lo que quieren porque no tienen corazón como vos. Esos sentimientos que tienen sólo son de maldad, quédense tranquilos que vamos a hacer lo posible para recuperar a sus padres y a nuestro hijo.
                Va pasando el tiempo y nada sucede, todo sigue igual, cada día las esperanzas de que se reencuentren cada uno con su familia fueron menos y menos. Por la noche se escuchan llantos, rezos para que todo vuelva a la normalidad. Pero no, nunca se supo nada de ninguno, todo quedó como estaba. La familia se hizo cargo de los chicos y siempre tuvieron una mínima esperanza de que aparecieran. Hoy uno de esos chicos es mi profesor, y la historia que acabo de contar es la suya, porque hoy nos contó este relato, en nuestra escuela.
                          Karen 

“Sin título”
                Hace días atrás, en la casa donde yo vivo, pasaron muchas cosas. Para colmo, llego del colegio, encuentro todos los cuadernos tirados en el piso. En un momento llegué a pensar que lo hacía mi hermano, que vivía conmigo, a veces nos llegábamos a pelear y a enojarnos, y en la noche ni qué decir de las puertas que se cierran solas sin que nadie las toque, y de esas noches en las que el aire se volvía algo como un escalofrío.
                Todas las noches tengo  pesadillas que me ahogaban y no me dejaban respirar ni moverme. Me tira la cama al piso, siempre tengo que levantarme de ahí cada mañana y veo mi colcha y mi sábana en el piso… Trato de olvidar lo que ocurre en mi casa, eso sólo me pasa a mí, a mi hermano no, y cuando le cuento no me cree porque no le pasa nada de lo que me sucede noche a noche.
                Siempre duermo con miedo y, a veces, espero que esos fantasmas aparezcan para poder hablar con ellos, para averiguar por qué me molestaban todas las noches. No lo entendía. Una noche, cuando estaba dispuesta para acostarme, al instante sentí un toqueteo de manos en mis pies. Yo estaba despierta, pero no podía moverme, ni aclarar que me quedé paralizada; sentí un escalofrío, un aire frío que corría por mi cuerpo, y me di cuenta de que eso era lo que me paralizaba.
                Un día comencé a investigar preguntando por qué ocurrían esas cosas que me tenían loca. Fui al departamento del portero, toqué timbre y salió un hombre viejo, de barbas blancas. Era un hombre que nunca había visto en mi vida y le conté todo lo que me pasaba. Él sólo se asombró y me comenzó a contar que en ese departamento, hace veinte años atrás, un joven negro africano llamado Eucario había matado a su novia allí y que se dedicaba a hacer macumba.
                Al escuchar lo que me contó el portero me llevé un susto y le dije que yo sabía que tenía algo malo ese chico, le conté que él era mi compañero de curso, porque siempre cuando me hablaba, su tono de voz cambiaba y sus ojos se daban vueltas, se ponían en blanco y me daba mucho miedo. Parecía estar poseído por el demonio y yo siempre trataba de alejarme de él, pero me perseguía.
                Un día en el colegio escuché algunos rumores de mis compañeros donde decían que el africano gustaba de mí, y eso me molestó mucho. Cuando estaba en clase él me miraba constantemente, no sé si tenía alguna pretensión conmigo, la mirada era como para darme mucho más miedo que el que ya le tenía.
                El portero me contó que ese joven negro africano se había muerto en un accidente automovilístico después de una semana de la muerte de su novia. Hasta me mostró un periódico donde se explicaba el accidente del joven. Al ver esto me impacté, yo le dije que estaba vivo, que era compañero mío en mi curso, que no era cierto lo de su accidente. Él me miró fijamente a los ojos con un rostro interrogativo y, asombrado, entró a su departamento. Yo no quería saber más del joven.
                Me puse a pensar y me di cuenta de que todo no era real, que sólo me comunicaba con unos fantasmas de años atrás. Intenté otra vez tocar el timbre del portero, pero salió la portera. Le pregunté por ese hombre que me había hablado y me dijo que allí no había vivido ningún hombre desde hacía veinte años atrás.  En ese instante veo a mi hermano entrando por la puerta del pasillo y me fui con él al departamento.
                Estando en mi biblioteca, tomé mi diario y me puse a escribir todo lo que me estaba sucediendo. Al día siguiente, sin dar explicaciones, yo decidí abandonar ese lugar. Estando ya en otro lugar, a pesar de que lo intenté, nunca pude olvidar lo que me sucedió en aquel departamento.
               Herlinda

“Arboledas de recuerdos”
                Desde que era pequeño siempre vi todo con claridad, aunque no puedo hacerlo. Esta claridad con la que veo es metafórica, siento que no existo, me hacen sentir que no existo, aquellos que pueden ver no se dan cuenta de lo hermoso del mundo. Viven pegados a cuatro muros que los separan de la realidad y no ven lo que es obvio; les gritamos a los oídos y ellos no escuchan, están sordos, y si son sordos, de seguro también que son mudos.
                Se ven más grandes y fuertes que la tierra misma, pero sólo son pequeños granos de arena. He vivido más que ellos, he visto cómo poco a poco hicieron desaparecer a mis hermanos. Antes y ahora fuimos la sombra que los protegía del sol a mediodía, de las lluvias que no cesaban y nos alimentaban, pero ahora sólo nos condenan a vivir por siempre y ver cómo todo desaparece cruelmente en el tiempo; somos sus esclavos, todos nosotros estamos condenados como yo a vivir por siempre, y ellos a destruir y ser destruidos por ellos y por el mundo mismo.
                Ahhh… vienen por mí. Soy el último por estos lugares, se cansaron de mí, de verme tan viejo y desmoronándome cada día, al menos sé que dejaré de ver su sufrimiento y podré liberarme de todos los años que viví en silencio. Me iré pronto y nadie me recordará. Me iré y me perderé en el recuerdo.
                “El tiempo es la mayor condena”
                                            Elvis 

viernes, 6 de septiembre de 2013

Función de Clown "Los Borbotones"

La nariz del payaso es la máscara mas pequeña del mundo, la que menos esconde y la que más revela. (Burnier,1994).

¡¡Los alumnos de 5to año brindaron una función de "Los Borbotones" en el Jardín Nubecita!!
LOS BORBOTONES ES UNA OBRA DE SU AUTORIA DIRIGIDA POR EL PROFESOR MARTIN LOPEZ
DE LA MATERIA ACTUACION Y PROCEDIMIENTOS CONSTRUCTIVOS EN TEATRO.

El grupo de 5to junto al profe Martín López


viernes, 26 de abril de 2013

¡4to estrenó la sala de computación!

Y cómo trabajaron... he aquí algunas imágenes: 


Bueno... él hizo lo que llamamos "rancho aparte", pero trabajó mucho igual.



domingo, 30 de septiembre de 2012

La ESB 22 participó en la Maratón de lectura 2012

La Escuela Secundaria 22 de Ciudadela participó en la 10ma Maratón de Lectura organizada por la Fundación Leer. Compartimos aquí las fotos del evento y algunas de las filmaciones de las lecturas realizadas (continuaremos subiendo filmaciones en los próximos días de los cursos que faltan) Lectura realizada por 1er año: "El hombre estrella"

 1er año: "El conde de Montecristo"
Continuación:


  Final: 2do año: Lectura de comedia en un acto sobre superhéroes: Continuación:


3er año leyó acerca de monstruos de la mitología griega: Y los más grandes leyeron Drácula... Continuaremos añadiendo videos... paciencia que lleva tiempo hacerlo!!!

martes, 31 de julio de 2012

Cuando estuvimos en 1er año...

Los invito a dar un paseo en el tiempo: encontrarán un conjunto de trabajos prácticos que les recordarán temas vistos y buenos momentos compartidos en 1er año. He aquí una colección de imágenes divididas por sus temas:

Un mensaje para hacer reflexionar sobre la importancia de cuidar la naturaleza:


1ero "B" y la Mitología Griega:


La Prehistoria:


Publicidades:


y para finalizar, más publicidades, pero con un toque exótico de Egipto:

viernes, 15 de junio de 2012

Antología de cuentos, escrita íntegramente (e ilustrada) por los chicos de 2do "A" y "B"


   Esta Antología es el resultado del trabajo realizado por los alumnos de 2do año “A” y “B” de la Escuela Secundaria Nº 22 de Ciudadela, durante el 1er trimestre de 2012, en el área de Prácticas del Lenguaje.
   Luego de realizar varias lecturas y de trabajar con la existencia de diferentes tipos de narrador, los chicos comenzaron a escribir bajo la modalidad de Taller Literario. La consigna que dio como resultado la presente Antología no fue sencilla: debían crear un personaje niño (con sus características físicas, su personalidad, su medio ambiente, su historia familiar) y hacer que esa vocecita inventada fuese la que narrara en primera persona una historia, desde un punto de vista condicionado precisamente por el hecho de ser niño.
   Son historias interesantes, terribles, increíbles, espantosas, maravillosas… ¡esperamos que las disfruten!

2“ do “A”

María 

  Vine corriendo a mi casa a contarle a mi papá que había ganado el partido, pero me encontré con Elisa, la novia de mi papá. Mi papá se separó de mi mamá cuando yo tenía 5 años. Lo pasé muy mal, mi mamá no estaba más... tampoco está ahora, se murió, la extraño. Bueno, mi papá llegó de trabajar y le conté que había ganado el partido, pero me sorprendí mucho porque fui a la cocina y Elisa estaba con un cuchillo, tratando de matar a mi papá. Pero yo lo impedí y se dio vuelta el cuchillo... Elisa empezó a sangrar y se tiró al piso. Mi papá se puso a llorar, me dijo que yo iba a estar bien, que él se entregaría, que yo me fuese. Yo no lo quería dejar solo; llegó la policía y a mí me llevaron a una casa llena de chicos en donde había un olor...
  Me dijeron que en cinco años mi papá me vendría a buscar, pero jamás apareció. Tengo 15 años ahora, y sigo acá.

Características del personaje:
Nombre: Kady
dónde vive: en un barrio residencial.
cómo es su familia: el padre es empresario, la novia del papá es política y se llama Elisa.
cómo es físicamente: tiene 7 años, morocho, pelo negro.
cómo es su personalidad: le gusta estudiar, le gusta jugar al fútbol, es malo.
qué le pasó: los padres se divorciaron cuando él tenía 5 años y la mamá se suicidó.

Margarita 

   Hola, me llamo Amanda y quiero contarles la triste historia de cómo conocí a mi madre.
   Cuando tenía 11 años yo vivía en Las Breñas, un pueblito del Chaco, con Jorge (mi papá). Si me preguntan por ... mi mamá, mmmm..., nunca la conocí. Por lo que me contó mi papá se fue de la casa tras una terrible discusión que tuvieron, y desde entonces crecí cuidando de él.
   Como ya era grandecita había muchas cosas que quería saber y me daba vergüenza de preguntar a mi papá, sobre todo si eran de mujeres, y me fui dando cuenta de que necesitaba mucho a mi mamá. Cuando cumplí 22 empecé a trabajar de enfermera en un hospital del  pueblo mientras iba estudiando para ser una gran doctora.
   Lo que más me gustaba de mi trabajo era cuidar de los ancianos y de los niños.
   Hice muchos amigos, y lo que más me daba tristeza era cuando la gente mayor de edad fallecía, especialmente si eran amigos míos.
   En uno de esos casos conocí a una señora a la que le decíamos "Abuela Romi". Era una señora de mucha paciencia, educada, pero eso sí, hablaba mucho. Era una de mis mejores amigas en el hospital. Siempre me sentaba a leerle historias hasta que se dormía; ella tenía cáncer de pulmón y no le quedaba mucho de vida.
  Una tarde de lluvia pasé por su habitación y me llamó. Entré, tomé asiento y me dijo:
_ Amanda, creo que ha llegado el momento de despedirnos y quiero que sepas que te quiero mucho. Sos la persona que más aprecio en la vida, ya que siempre estuve sola y fuiste como una hija para mí.
Y yo le contesté:
_ ¡Abuela! No diga estupideces, a usted le faltan muchos años más por vivir. No se  rinda, acuérdese que yo también la quiero mucho.
   Y fue entonces cuando la abuela dejó de llorar, secó sus lágrimas y me sonrió.
   Al día siguiente me levanté como siempre y me fui a trabajar.
   Al llegar al hospital me enteré del fallecimiento de la Abuela Romi. Fue tan doloroso para mí que hasta me daban ganas de renunciar, pero antes quise saber su nombre, siempre leí su nombre, pero no le daba importancia, para mí era "La Abuela Romi".
  Y cuando miré la hoja, decía: "Romina Alejandra González"-
  Y en ese momento supe quién y qué era mi mamá.


Marieth

    Hace un tiempo yo tenía 11 años. Vivía en una casa grande, mis padres eran millonarios. No me querían porque decía que no era su hija, y como no me querían pero tenía millones, me volví rebelde y sólo tenía malas amistades. A mis padres lo único que les importaba era el dinero. Mientras, yo estaba feliz porque hacía lo que quería.
    Un día mis amigos me invitaron a una fiesta porque faltaban dos semanas para que cumpliera 15 años. Estaba muy enamorada de un chico tan hermoso, que me hice la novia. Cuando se enteraron mis padres, me castigaron y yo les dije que no me importaba, que no se metan en mi vida. Mis padres me dijeron que sí, porque soy su hija, y ahí entendieron que deben pasar más tiempo conmigo, y yo cambié cómo era.



Abril 

_ No quiero que te vayas, Ludmila, no quiero que nos separen, tengo miedo.
_ No, Cami, nunca.
            Al día siguiente, nos avisan que el orfanato cerró y nos teníamos que ir.
            Nos quedamos en la calle, sin nada, sin ropa, sin comida, sin tener dónde dormir.
            Lo único que mi hermana y yo podíamos hacer era robar o mendigar; elegimos lo más sano. Entonces, yo empecé a pedir monedas.
            En ese momento se acerca una señora humilde y pobre que se ofrece a llevarse a mi hermana Camila a su casa para cuidarla, pero mi hermana no quería, lloraba y lloraba porque no quería separarse de mí. La señora la agarró muy fuerte del brazo y se la llevó, no sé dónde, yo estaba desesperada y no sabía qué hacer.
            Con el tiempo fui ganando plata. Mendigaba, hacía pulseras, las vendía y con las monedas y el poco dinero que juntaba iba en colectivo por todos lados para buscarla.
            Muchísimo tiempo después la encontré y me dijo:
_ Creí que nunca volverías.
Y yo le dije:
_ Te prometí que jamás te abandonaría.
            A la señora le dio mucha pena lo que había hecho entonces pensó en adoptarnos; no me gustó mucho la idea, pero en ese momento, lo único que me importaba era que mi hermanita fuera feliz.




 Víctor

            Hace mucho tiempo yo vivía solo en Ciudadela y solamente tenía 15 años. Mi familia estaba muy lejos, me habían dejado porque me había metido en un grave problema y, cuando volví, ya no estaban; por eso decidí ir a buscarlos.
            En la mañana me desperté, me vestí y salí. Fui a buscar primero a una amiga de mi mamá para averiguar si sabía dónde estaban y sólo me encontré con una chica muy linda, pero no era la amiga de mi mamá. Entonces le dije:
_ Buenos días, me llamo Javier.
Y me respondió:
_ Buenos días, yo Nicole. ¿A quién busca?
_ No, sólo venía a ver si estaba la señora que vivía antes.
_ Bueno, hasta luego.
_ Hasta luego.
Y me fui, pero la chica me llamó y me invitó a su casa. Y me preguntó:
_ ¿Por qué la buscas?
_ Porque quería saber si ella sabía dónde estaba mi familia. Y empezamos a hablar toda la tarde, miramos la tele, tomamos café, jugamos y llegó la noche y empezó a llover fuerte. Y me preguntó si me podía quedar y yo me quedé pensando que la lluvia no iba a parar, pero por otra parte me quería quedar porque la chica era muy linda y me gustaa mucho, por eso me quedé.
            Pasaron las horas de la noche, nos empezamos a llevar mejor, tan bien que ella me dijo que yo le gustaba mucho, tanto que desde que me vio se enamoró de mí. Yo le dije que también, entonces esa noche fue el mejor día de mi vida.
            Al día siguiente le conté por qué buscaba a mi familia.
            Ella me dijo que en el cementerio, al visitar la tumba de su mamá, había visto una de una señora que se llamaba igual, entonces fuimos al cementerio y vi la tumba y era mi mamá; la tumba de mi papá estaba a su lado.
            Me puse a llorar porque hasta ese momento había pensado que estaban vivos.
            Y así pasaron días, pero yo no me iba a arruinar la vida porque mi mamá y mi papá ya no estaban.
            Así pasaron años, pasó tanto que hasta me casé con Nicole y tuvimos dos hijos que se llamaron José y Juan. Se casaron, ellos crecieron, tuvieron sus hijos y yo fui abuelo.
            Con Nicole estuvimos dos años más con mis hijos y morimos, pero morimos felices, con nuestros hijos ya grandes.



Luis 

            Hoy me desperté temprano y me hice el desayuno, muy rico, porque me lo enseñó mi mamá cuando tenía unos diez años; ahora tengo quince años.
            Y cuando termino de desayunar llega mi papá todo borracho, con olor a cerveza, y me dice:
_ Buen día, Martín, ¿ya vas a ir a la escuela?
Y le digo:
_ Sí, pá, ¿y vos de dónde venís?
_ Fui por ahí_ me dijo, y subió a su habitación.
            Se puso a discutir con mi mamá, y yo me dije que era una discusión como la de cualquier pareja y que mejor me iba a la escuela. Fui a la escuela, curando vuelvo y miro que hay un patrullero en mi casa voy corriendo y le digo al oficial:
_ ¿Qué pasó, oficial?
Y me responde:
_ Alguien murió, al parecer es un hombre.
_¡Qué!_ le digo, y voy corriendo a la habitación de mis papás y la encuentro a mi mamá y le digo:
_ ¿Qué pasó, má?, los oficiales me dijeron que murió un hombre, qué, mataste a mi papá, decime qué pasó.
            Y ella me dijo:
_ ¿Qué estás diciendo, Martín, yo no maté a tu papá. La policía está porque nos querían asaltar y a los policías no les quedó otra que disparar, porque nos mataba a nosotros.
            Llega mi papá y dice:
_ Acabo de hablar con los policías, quédense tranquilos.
            Y me quedé tranquilo, le di gracias a Dios porque mis papás están bien, y hoy no fue un día muy bueno, pero creo que fue una lección para mi papá, con eso se dio cuenta de todo. Dejó la bebida y todo fue mejorando, y por eso voy a darle gracias a Dios todos los días.  



Lizbeth 

            Yo soy una niña, cumplí 14 años,  vivo con mis padres en una mansión y voy a un colegio privado. Mis padres son muy estrictos conmigo, ni siquiera me dejan salir. Por suerte tengo una amiga que me acompaña en las buenas o en las malas. Hay veces, cuando mis padres se van, que mi amiga y yo aprovechamos para salir con mis amigos a pasear por todos lados. Así fue pasando el tiempo, cuando cumplí mis quince yo me enamoré de un chico lindo, pero era muy aburrido porque no salía a fiestas y era muy educado a la vez. Cuando nos hicimos novios hubo veces que nos escapamos del colegio y fuimos derechito al parque.
            Cuando mis padres nos vieron me castigaron y me encerraron en mi cuerto, pero sucedió una cosa increíble: apareció un joven muy lindo y me dijo: “No tengas miedo porque no te voy a hacer daño”.
             Siempre venía, todos los días, a jugar. Cuando le conté a mis padres me dijeron: “Cuando esté dormido amarralo con un hilo, así le podremos seguir”. Cuando lo amarré y le seguimos se había convertido en una serpiente muy grande, parecía anaconda, pero mi padre agarró un cuchillo y lo clavó en el corazón y se murió. Cuando murió, me enteré de que estaba embarazada de cuatro meses; ni siquiera me había dado cuenta.
            Cuando mis padres se enteraron me dijeron:
_ Cuando nazca tenés que matarlo, porque va a nacer la mitad humano y la mitad serpiente. _ Yo no quería que muriera.
            Cuando nació, mi padre hizo hervir agua cuando estuve desmayada, aprovechó ese momento, agarró el bebé y lo puso en el agua y, cuando estaba hirviendo, escuché un ruido de un bebé, fui corriendo derecho a la cocina y vi a mi bebé muerto.




Mabel 

            Yo vivía en La Ferrere con mi madre y mis tres hermanas: Lucía, Daysi y Clariza. Íbamos a la escuela, pero una se quedaba en casa hasta que las otras volvíamos.
            Mi madre iba a trabajar a las cinco de la mañana, para entrar a su trabajo temprano. Cuando llegamos de la escuela nos cocinamos, almorzamos y nos ponemos a hacer las tareas y después de terminarlas jugamos con mis hermanas con la pelota o con agua toda la tarde, hasta las cinco, cuando empezamos a cocinar para que cuando llegue mi madre cene y no reniegue.
            Mi madre llegaba a las nueve de la noche de su trabajo.
            Cuando llegó mi madre ese día cenamos, miramos un rato la televisión y nos dormimos. Apagamos las luces. Un ladrón entró en nuestro cuarto, mi madre agarró un palo y le pegó y me dijo que fuese a llamar a los vecinos para que nos ayudaran a atrapar al ladrón; los vecinos llegaron y al ladrón lo atrapamos y llamamos a la policía, y se lo llevó.
            Mi madre, mis hermanas y yo estábamos muy nerviosas a causa de lo que pasó en la noche.


Jennifer 

“La mancha de mi juguete”

            Soy una nena que vive en la ciudad y voy a visitar a mis tíos que viven en el campo. Estaba muy ansiosa porque tuve que sacarme buenas calificaciones para visitarlos.
            Al día siguiente tomamos el bus. Al llegar, mis tíos me estaban esperando con una gran sonrisa; llegamos a la casa y había una cerca y me dijeron que no vaya más allá porque había peligros, pero eso a mí no me importó. Crucé la cerca y me puse a jugar, y de pronto vi que venía un señor muy mal: creo que estaba herido y tenía una mordedura y me decía palabras que no le entendía. Como yo no era del campo, no sabía el idioma en el que me hablaba; su pierna se estaba volviendo de un color violeta con verde y me asusté y me fui corriendo.
            Llegué a la casa de mis tíos y les conté; fueron rápido al lugar.
            Llegaron a la casa y me dijeron que murió a causa de que le mordió una serpiente. Claro, a mí no me importó porque él manchó mi juguete con algo rojo que salía de su pierna y el día que tuve que irme,  lo hice enojado sin mi juguete.


Sofía 

Nunca es tarde para pedir perdón

- Corré, corré - es lo único que escuchaba que me gritaba mi amiga Cecilia, yo sé que ella es una chica muy buena, a pesar de que robaba de los almacenes.
- Corré Luis, Corré - yo corría, corría sin parar, sentía que el corazón se me descolocaba.
- ¿Dónde estás? dije mirando de lado a lado, sintiendo que algo me estiraba y me hacía caer atrás de un basurero
 - Shhh! callate Luis, no hagas ruido -
Yo, con el corazón en la mano me quedé helado y vi a dos hombres cruzando la avenida. Ella se paró y me tomó de la mano, me dijo que era muy rápido, y que algún día tendría que ser corredor. Yo no la entendí muy bien, nos fuimos hasta la esquina, me dio una bolsita que tenía chicles, nos sentamos en la calle y los comimos.
- Ya está, ya se fueron - me dijo Cecilia y yo me aliviaba de tremendo susto, por haberla acompañado a robar esos chicles.
- ¿Dónde vivís? - le pregunté poniéndome serio. Ella me miró y me dijo: “¡En mi casa, zapallo! vivo con mi papá, aunque él solo piensa en tomar y fumar”.
- ¿Vos? ¿dónde vivís? Me preguntó sonriéndome, con esas sonrisas de que tocás la luna y no volvés ala Tierra hasta que no te despierten.
- ¡Luiis! -Me gritó pellizcándome el brazo.
- ¿Con quién? -
-¡Ayyyy me dolió!_ Se lo dije quejándome.
Y solo contesté: “Vivo acá en la villa”.
- ¿Solo? me preguntó mirándome sorprendida.
- Sí, solito.
- ¿Y tus papás?
- Ellos... viven... No sé ¿Qué te importa a vos? - Le dije así todo enojado.
- Ay, bueno, nene - me dijo dándome un golpecito en el brazo.
- Me tengo que ir, tengo cosas que hacer - Le dije y la miré hasta el final de la calle y volví para mi casa.
-¿Dónde cuernos estabas, pendejito? - me gritaba mi tío, ese señor don sabelotodo, y que no sabe nada.
-¡Con mi amiga! - le dije rezongando.
-¡Chist, chits! A mí me respondés bien, querido - me dijo con cara de gruñón , pero me era extraño, hoy estaba más gruñón que siempre, capaz no vendió nada. Él vende "medicamentos" o esas payasadas que me contó, que no me quiere dar a mí porque dice que soy un nene, pero yo sé que no son "medicamentos" son no sé qué, pero causan efectos alocados en las personas, lo sé porque por acá todos tienen de esos, pero yo no.
La vecina, la  señora Doña Rosa, me dijo que nunca, nunca lo pruebe, que eso hace daño y que se puede volver una adicción, yo se lo prometí y ella me regaló un chupetín .   Me puse recontra feliz porque me encantan los dulces.

   A la tardecita me crucé a Cecilia, estaba sentada en la calle como siempre, me voy y me siento a su lado, tenía una bolsita en su mano y me preguntó si quería un poco, yo no la entendía muy bien y le dije que sí; pensé que eran dulces, puse mi mano en su bolsa y saqué un algo, y ella lo envolvió en un papelito, y lo prendió. La miré con cara de asombro, me dio miedo y curiosidad, no podía dirigir una sola palabra, apenas respiraba.
-¿Querés? - me preguntó  así como si nada, pero yo sabía que eso que ella fumaba eran casi lo mismo de los que vendía mi tío, digo casi, porque el papelillo de Cecilia era un poco desprolijo.
-No, no quiero- le dije yo. Así con cara de serio y todo.
- Pero dale, un poquito no te hace mal - pero yo no quería, porque le prometí a la señora Rosa que nunca, nunca fumaría, ni siquiera probaría. Lo vi a mi tío acercándose a mí, lo vi desde la esquina, venía con taaanta prisa que al cerrar y abrir de ojos, lo tuve en frente mío.
-¿Qué haces con eso en la mano?- me preguntó con un grito que hasta los de la otra ciudad que queda a dos horas de mi casa, lo habrá oído.
- Nada, estoy con Cecilia- le dije sin temor, no entendía bien por qué su enojo, pero no era nada amigable la cara que puso cuando la vio a ella fumando y a mí con la bolsa. Me agarró del brazo bien fuerte, y me llevó a mi casa, lo recuerdo como si fuese hoy mismo.
   Me pegó una piña en la cabeza que me hizo caer en un segundo. Me arrancó la bolsa de la mano y me dijo que esos medicamentos él lo vendía para darnos de comer y que no los debía robar. Ahí fue cuando quise explicarle que yo no los robé y menos que menos que los fumé. Pero antes que se me escape un chiflido me dio una de esas, que me desmayó. Aun así me seguía pegando y yo ya sin razón, morí. Losé porque cada viernes por la tarde Cecilia me trae cartas en mi casa; ella no me ve porque me escondieron en un cajón, así mi tío no me pegaba más. Pero yo sé  que él se arrepiente y yo ya lo perdoné aunque él no lo sepa. La señora Rosa, siempre  viene a arreglar mis plantitas, en cambio el tío  nunca, nuca me vino a visitar, pero siempre lo voy a esperar, porque algún día volveremos a estar juntos y volveré  a jugar con Cecilia en la calle como lo hacíamos siempre.

FIN.

Características del personaje: Un niño de 8 años de edad, que no tenía estudios, vivía prácticamente solo en una villa , y tenía solo una amiga , Cecilia.
¿Cómo es su familia?: Solo vive con su tío, él vendía droga .
¿Cómo es su personalidad? Un niño como cualquier otro, con la diferencia de que no tenía a nadie que le explique sobre la vida .




Luis Alberto

            Hoy me levanté temprano y mis padres se fueron a trabajar; mis hermanos se fueron al colegio y yo me quedé en mi casa con mi perro Toby y con mi gato Andre. Me sentí aburrido  y me fui a los jueguitos y me divertí mucho; al regresar a mi casa jugué con mi perro y mi gato y en ese momento llegaron mis padres y mis hermanos. Mis padres me dijeron: “Lucas, vamos con tu abuela”. “Bueno, vamos”, dije yo.
            Llegamos, y con la alegría de ver a mi abuela ella me preguntó: “Lucas, ¿cuántos años tenés, que no te veo hace mucho?”
_ Tengo ocho años.
_ ¡Ay! ¡Qué grande que estás!
            Mis hermanos y yo fuimos a caminar por la calle y en ese momento hubo un robo por la calle, y nos involucraron a nosotros y, por error, a mi hermano de 16 años se lo llevaron a la comisaría. Yo fui a la casa de mi abuela y les dije a  mis padres:
_ Papá, a mi hermano se lo llevaron por error a la comisaría.
_¿Sí? Bueno, vamos.
            Llegamos y aclaramos todo y lo liberaron, por suerte llegamos a la casa de mi abuela y nos despedimos y llegamos a la casa y todo volvió a la normalidad. Mi papá se fue con mis hermanos a la escuela y yo me voy a la tarde a la escuela.




Micaela 

            Hoy me levanté temprano para ir al colegio, siempre llego justo cuando dicen mi nombre:
_ Morales, Agustina.
            Yo digo:
_ Presente, acá estoy, profe.
            Todos se me quedan mirando como diciendo “¿A qué hora llegó ella?”.
            Tengo doce años. Yo soy de Buenos Aires, Argentina, mi familia es de la alta sociedad, tienen millones. Mi papá es un empresario muy ocupado. La gran mayoría de los días se los pasa en la oficina o viajando. Mi mamá es abogada, siempre se la pasa en su estudio o en la computadora trabajando en casa y tengo a mi hermano que tiene dieciséis años, se llama Matías, él siempre se ocupa de que esté bien.  Es un buen hermano, no me puedo quejar de él.
            Yo soy una persona con grandes capacidades de estudio, me gusta que me escuchen y que jueguen o hablen conmigo, pero como mis padres están muy ocupados para eso me dejan con mi nana Soledad. Ella me mima, me cuida, me escucha y me entiende. Hacemos todo juntas, la quiero mucho.
 Un día después de la escuela ella me dejó andar en bici con mi vecina. Se largó a llover en una esquina, perdí el control y me quebré el brazo; le avisaron a mi nana, ella vino corriendo y me llevó al hospital. Mis padres estaban preocupados por mí, nunca los había visto así, tan preocupados.
Mi mamá se enojó  con mi nana, hasta la echó y me enojé mucho con ellos porque la extrañaba. Les expliqué que ella no tenía la culpa, que yo me fui a andar en bici y cuando estaba volviendo a mi casa se largó a llover, doblé la esquina y resbalé, y ahí fue cuando ella vino corriendo y llamó a la ambulancia. Ella no tenía la culpa, se me quedaron mirando, pasaron dos días, mi nana volvió. Yo estaba feliz, y hoy por hoy, estoy castigada por eso.



2 “b”

Luz

            Ya pasó un año desde que mi vida cambió para siempre. Hoy me siento fuerte y capaz de contar esa terrible historia.
Yo vivía con mi tía y mi hermano de 20 años. Me llamo Érika. Vivía en una casa muy grande y tengo una amiga llamada Sandra que es muy buena. Mi hermano se llama Jorge y toma mucho, también se droga.

Pasaron tres días y mi tía muere; no podía parar de llorar, pero me calmé y luego me animé a decirle a mi hermano que yo quería ir a la escuela. Me dijo mi hermano que estaba muy niña, pero yo le dije que no, que ya tenía diez años. Esa noche me fui, no le hablé y salí afuera, donde estaba mi hamaca con mi muñeca. Salí y escuché una voz.

Yo quería saber qué era esa voz; caminé diez pasos y vi que la hamaca se movía. Yo estaba bien asustada; di un paso y estaba mi muñeca Sally tirada en el piso, cerca del cementerio. Asustada, me fui a la casa de mi amiga Sandra, que era muy buena y salía que me ayudaría.

Fuimos al cementerio, vimos un gran agujero y escuchamos un grito de hombre sobre nosotras. Corrimos directo a mi casa, vimos la ventana de arriba y corrimos juntas hacia allí y mi hermano estaba muerto, clavado un cuchillo en su cabeza. Yo no paraba de llorar y me preguntaba por qué me pasaba esto, yo qué hice para merecerlo… y ahí estaba mi muñeca Sally con el cuchillo al lado. La alcé y giró la cabeza. Sandra gritaba de miedo, yo estaba paralizada y no podía moverme y le tiré a mi muñeca Sally.

Mi muñeca se paró, caminó y yo no paraba de gritar, Sally me dijo: “Yo era el amigo de tu hermano, pero me traicionó y le dije que iba a volver… Y ahora estoy acá y por eso elegí la muñeca para habitar en ella.”

Agarré el cuchillo y le clavé en la cabeza la hoja, pero no moría, así que agarré el hacha, la partí en pedazos y la quemé y la tiré al lago. Mi amiga Sandra estaba trastornada; yo le dije: “Tranquila, todo terminó, y gracias por ayudarme”. Vino la policía y se encargaron, pero no me creyeron nada y se rieron de mí. Yo miré hacia el lago y vi la mano de mi muñeca saliendo del agua, pero en realidad no era más mi muñeca Sally porque tenía otra alma o fantasma dentro, y nunca más volví a ese bosque y me fui a la ciudad y todo terminó. Ahora me siento tranquila, pero mi muñeca Sally vive.   


Sol 
El diario de Zoe

            Hace unos dos años viene a visitarme una amiga que se llama Abigail. Cada vez que viene hace mucho frío, y ella es muy pálida. Lo que me parece muy raro es que nunca me dejó abrazarla ni darle un beso en la mejilla. Al principio le tenía miedo, pero después me di cuenta de que ella no quería asustarme, sino que quería ser mi amiga; algunas veces me asusta de todas maneras.
            No soporto que Abigail se me aparezca de la nada y que escriba el espejo, porque no entiendo qué me quiere decir y después mi mamá me reta porque piensa que fui yo.
            Hoy vino a merendar una amiga del cole que se llama Andrea. Yo le quise presentar a Abi pero no la pude encontrar, pero no importa, otro día se la voy a presentar y vamos a jugar juntas toda la tarde, vamos a merendar, a jugar a las escondidas, a la mancha y muchos juegos más.
Perdoname si te asusto, pero donde estoy
Yo, impera el mismísimo terror.
Abi
         Abi me deja mensajes en todos lados: en el espejo del baño, en el de mi pieza y ahora en mi diario, ya no sé qué hacer porque no entiendo nada y me está dando miedo como al principio. Ayer le dije a mi mamá y no me creyó, ella piensa que es mi amiga imaginaria. Ella me explicó que todos, o casi todos, cuando somos chiquitos tenemos amigos imaginarios, pero ella no es imaginaria.
            Hoy cuando vine del cole empecé a escuchar ruidos raros que venían de un cuartito que tenemos arriba que está lleno de cosas de mi papá. La llamé a mi mamá para que vaya a ver quién o qué era, pero salió al patio a darle de comer a mi perro Tomás y no me escuchaba. Entonces fui al cuartito sola, abrí la puerta y el ruido era como golpes que venían de adentro de una caja. En realidad estaba lleno de cajas, pero había una en la que por alguna razón se escuchaban esos golpes, como si fuese que alguien o algo quería salir de ahí. Abrí esa caja y los golpes pararon; adentro había un álbum de fotos que era de color rosa con letras violetas que decían: “Abi”. Cerré la caja y me llevé el álbum a mi pieza, cerré la puerta, me senté en mi cama y lo empecé a mirar. Eran fotos de un bebé y mi papá estaba casi siempre en las fotos; él estaba con una mujer de pelo ondulado negro y ojos verdes y, lo que me llamó mucho la atención, fue que en las últimas fotos estaba mi amiga Abigail. Me quedé mirando fijamente a Abigail porque no podía creerlo y de repente y muy rápido el álbum de fotos se me escapa de las manos, como si alguien invisible me lo sacara y lo tirara en un rincón de mi pieza y en el espejo aparece escrito con marcador rojo: “Yo sin quererlo estoy flotando, no quieras hacerlo vos”.
            Yo fui corriendo a la cocina, donde estaba mi mamá, y le dije todo lo que había pasado. Y ella me dice:
_ Cuando venga tu papá a la noche vamos a hablar, no te preocupes mi amor, andá a hacer la tarea que yo te llamo para cenar”.
_ Bueno, está bien, mami, te quiero mucho.
_ Yo mucho más, mi vida.
            Y me fui a hacer mi tarea como todos los días. Al rato me llama mi mamá para cenar, y cenamos todos juntos con mi papá. Terminamos de cenar y mi mamá me dice:
_ Bueno, Zoe, es hora de irse a dormir porque mañana hay que ir al cole.
_ Bueno, mami_ respondí.
            Me acerco para darle un abrazo y un beso, me acerco al oído y le pregunto: “¿le vas a decir eso a papá?”. Y ella me dice: “Sí, eso voy a hacer ahora, te amo mucho hijita mía de mi corazón”.
_ Yo también, má.
            Saludé a mi papá con abrazo y un beso y le dije:
_ Te quiero mucho, pá.
_ Yo mucho más, Zoe. 
            Y me fui a mi pieza. Limpié el espejo que estaba escrito y de la nada aparece Abigail y me dice:
_ Media hermana, trata de no venir acá, porque hace mucho frío.
_ ¿Por qué? ¿A dónde voy a ir?
            Y ella me responde:
_ Salvate, eso mitigaría mi sed de venganza.
            Y desaparece.
            Me preocupé un poco, pero después apagué la luz, me acosté en mi cama y en eso se abre la puerta y escucho unos pasos. Yo me asusté y me tapé toda con la frazada, siento que alguien se sienta en mi cama, me destapa la cabeza y lo último que llego a ver es a Abigail parada en al puerta de mi pieza, mirando muy asustada, y a mi papá, que era él el que se había sentado en mi cama y me tapó la cara con una almohada sin dejarme respirar.

Carla 
“La enfermedad de Adrián”

Ayer cortaron nuevamente la luz en casa; a mi mamá no le importa nada desde que se separó de mi papá. Ese fue el momento en que mi vida empezó a ser tan triste, desde que papá y Lucas se fueron de casa.
Anoche, hablando con mamá, le pregunté por qué mi papá se fue a vivir a otra casa y no venía más. Ella me contó que yo cuando nací tenía un problema que, a medida que iba creciendo, iba siendo más grave, y que ahora mi enfermedad es síndrome de down leve.      Mi papá se enteró de mi enfermedad y no me quiso, porque él es un hombre de plata y quería que sus hijos fueran estudiosos, educados y de clase alta.
            Cuando me fui a dormir me quedé pensando en lo que me había contado mamá y me puse re triste y me puse a pensar que me dio a entender que por mi culpa y por mi enfermedad papá nos abandonó.
            Cada día que me levanto, mi mamá me hace que le haga el desayuno, que le lave la ropa, que sea como un sirviente Ella se junta con sus amigas en casa y yo tengo que limpiar todo y servirle a sus amigos y amigas.
            Estoy muy triste. Mi mamá me vive echando en cara que por ser enfermo mi papá se fue, y cuando yo lloro, me pega con un cinturón. Me deja todo marcado y me pone debajo de la ducha con agua fría.
Un día me sentía muy mal y mamá me obligaba a todo. Cuando ella fue a buscar a sus amigas salí de casa, me escapé porque no quería estar más con ella, quería ver a mi hermano y a mi papá, pero no los encontré, hallé una casa en donde no vivía nadie y ahí me quedé a dormir. Yo quería empezar a estudiar, quería ir al colegio y tener amigos. Me siento re solo y no sé qué hacer de mi vida.
    Un día me crucé con mi hermano Lucas en una plaza. Él estaba con sus amigos, yo me senté al lado de él y nos pusimos a hablar, y me contó que vive en una casa muy grande con gente que le hace el desayuno, la comida, le lava la ropa, le limpia la pieza; me dijo que tenía mucha plata. Le pregunté si me podía ir con él y me dijo que no, que yo era un chico pobre que no sabe nada, que no tengo amigos ni nada y que para mi papá soy la peor pesadilla Lucas se fue, me dejó 20 pesos y yo le dije: “Gracias, hermano, te quiero”. Y sus amigos le preguntaron: “¿Este retardado es tu hermano?”, y Lucas dijo: “No, es un pobre niño de la calle que me dice así y hace mucho que no lo veía.”
    Desde ese momento mi vida empezó a cambiar. Me fui a mi casa sabiendo que mi mamá al llegar me pegaría porque me fui dos días y yo no quería sufrir más.
Llegué a casa y entré por la puerta de atrás con un palo. Mamá dormía, y al escuchar un ruido se levantó y al verme sacó un cinto y agarró un palo, pero yo no quería aguantarme más nada, no quería sufrir más. Había pensado mucho que en mi interior era muy triste. Y quería seguir viviendo como un chico común, no ser un esclavo, no quería ya que me maltraten. Fui acumulando todo eso. Mi mamá me había retado y me llevó a bañar, yo no quería porque le tenía miedo, llenó la bañera y me metió, y al querer yo salir, me empezó a ahogar. Cuando vio que no respiraba me soltó y se fue a la cocina.
Yo pude salir y llegar a la cocina, como pude. Agarré una cuchilla y cables. Ella miraba la tele, yo me acerqué y le di una puñalada en el pie y otra en el brazo. Empezó a gritar y a desangrarse, cuando vi que se estaba muriendo, que no se podía mover, agarré el cable, la até toda y la metí a la bañadera. Le di dos puñaladas más en la panza y una en el corazón. Me quedé solo porque no tengo a nadie que me quiera aceptar como soy.
    Cuando mi papá se enteró de todo esto me vino a buscar para llevarme a su casa. Él me dijo que me quería internar. Pero yo estaba muy triste a causa de lo que había pasado. Cuando mi papá fue a la casa de mi mamá, la vio en la bañera toda desangrada y flotando, y mientras la desataba y la sacaba yo llamé a la policía.
    Cuando llegó la policía vieron a mi papá todo manchado de sangre y yo me puse a llorar y les dije que él había matado a mi mamá y que me quería matar a mí también; estaba desesperado. Lo metieron en la cárcel y le dieron cadena perpetua.
    Yo volví a la casa de mi papá, me fui con mi vecina, que fue la que me crió desde que nací y que me dio de comer todos estos años. Vivíamos en la mansión con mi hermano, al que le dije: “Como dice el refrán, el que las hace, las paga”.
    Pasaron tres años, yo cumplía los doce años  y festejé mi cumpleaños en la mansión con mi vecina, que era mi mamá, y con muchos amigos que me hice en el barrio. Me costó tener amigos, peor lo logré. Nos sentamos todos a festejar y teníamos un mucamo; ese mucamo era m hermano. Desde que entré a esa casa empezó a mandar mi mamá (la vecina). Y a mi hermano, por hacerme sufrir tanto y no quererme como hermano, lo empezamos a hacer limpiar, lavar, hacer la comida, ordenar toda la casa. Y sus amigos, al enterarse de que yo era su hermano y no su amigo, y saber de mi enfermedad, no lo podían creer y le tomaron odio y mucha bronca por cómo era, y perdió todas sus amistades, que pasaron a ser mis amigos.
   Así fue pasando el tiempo, fui creciendo y haciéndome tratamientos. A los 20 años, la enfermedad se me había atenuado, porque no era síndrome de down, como mis padres habían creído.
   Me puse de novio, me casé, y decidí hacer en mi casa un hogar para chicos de la calle y chicos con problemas. Porque no me gustaba ver ni a un chico en la calle, no quería que ningún chico pase por lo que pasé yo. Mi hermano se internó en un colegio.
   Mi papá murió en la cárcel, ahorcado
   Y mi vecina, esposa y los 13 chicos que viven en mi casa y yo decidimos vender el chalet y comprarnos una mansión. Mis hijos empezaron el colegio, tienen amigos y amigas y son todos felices.
   Es el día de hoy que no tengo ninguna enfermedad. Tengo mujer y trece hijos, soy muy feliz aunque mi pasado sea muy triste.
   Yo criaré a lo chicos y no dejaré que nadie los toque, y haré que sepan valorar lo que tienen.
   Un año después de organizar todo soy muy feliz viviendo con la gente que me hizo y me hace bien, con mis hijos, mi mujer y mi mamá del corazón (mi vecina).

Firma: Adrián

Características del personaje: Se llama Adrián, tiene nueve años, vive en la ciudad, le dijeron que tiene síndrome de down leve pero no es cierto, tiene un hermano de 12 años llamado Lucas, la madre se llama Sofía y el padre Nahuel, le gusta estudiar.
La madre lo culpa por la separación con su marido, lo trata mal, dedicaba su tiempo a estar con amigas y no le prestaba atención y lo usaba como su sirviente.
Su padre y su hermano viven en la ciudad. Nahuel, su padre, tiene mucha plata y vive con Lucas, un chico muy educado y malcriado. Adrián es muy bueno, un niño al que le gusta estar con mucha gente, pero no tiene amigos ni familiares que lo quieran.
Le gusta jugar con sus autitos que le regaló una vecina cuando él nació.

  Ronald

Ésta es mi historia

            Esta es mi historia: yo me llamo Emiliano y vivo en un barrio que está en guerra, pero no una guerra de países ni una con bombas; esto era una guerra de pandillas que peleaban por el barrio. Luchaban por cuál pandilla se iba a quedar en el barrio y dominarlo. Las dos pandillas estaban dominando las calles, nos robaban, se drogaban en las calles, las personas ya hasta tenían miedo de salir de sus casas.
            Mi historia empieza cuando yo todavía estaba estudiando. Iba a la escuela con mi hermanito; yo tuve que madurar rápido porque mi papá había muerto y tuve que ir a trabajar.
            A mí y a muchos amigos nos robaban, una de las pandillas nos pegaba por diversión, hasta que un día decidimos armar nuestro grupo y protegernos entre nosotros. Ya éramos muchos y ya estábamos ahuyentando una pandilla, pero un día los de la segunda pandilla nos pidieron hablar con nuestro jefe, pero como no éramos una pandilla, me pidieron a mí, porque yo era el que armó el grupo. Los de la otra pandilla nos pidieron unirse a nosotros, tres amigos y yo nos unimos y, al unirnos, hicimos todo, por lo que mis amigos y yo impedimos que siguieran existiendo los robos y delitos.  

Iliana y Darío 

La historia de Darío e Iliana

            Se llama Mía, tiene 6 años, vive en la ciudad de Buenos Aires, en González Catán. La niña tiene dos hermanos mellizos, uno llamado Benjamín y el otro Ian. La madre se llama Iliana, y el padre, Darío.
            Un día, Mía le pide prestada a la madre una remera, porque le gustaba mucho. La madre le dijo que no, porque esa remera tenía una historia muy importante. Mía le pidió a Iliana y a Darío, sus padres, que le cuenten la historia de la remera; los padres sonrieron y le empezaron a contar…

            “Esa remera tu mamá se la compró para usarla el día en que yo le pedí que fuéramos novios, que fue el 10/1/2012.”

Mía les pregunta cómo se conocieron.   Y los padres respondieron:

            “Nos conocimos gracias a tu tía Carla, porque ella estaba saliendo con tu tío David. Tu mamá se empezó a hablar con Carla porque tu tío le dijo q tu mamá que se iban a ver en algún lado, o algo parecido. Cuando tu mamá  le fue a decir a Carla lo que dijo David, estaba yo. A partir de ahí yo empecé a ir todos los días a la casa de Carla, tu mamá se asomaba al balcón todos los días para verme a mí. Yo en ese tiempo estaba teñido de rubio y usaba lentes de contacto celestes, y a tu mamá le gustaba mucho.
            Un día pasó haciéndose la coqueta y Carla le preguntó si ese día salía a bailar. Le dijo: “Sí, ¿vos?” Y ahí salté yo y le dije: “¿Me llevás?” Y ella me dijo: “No, voy sola”. Yo le pregunté por qué, y me dijo: “Porque no, voy sola…”. Ahí me subí al auto y me fui.
            Un año después nos encontramos en el cumpleaños de un amigo que teníamos en común. Yo tenía otra novia y le pregunté a tu mamá si ella era la chica del primer piso, y me dijo: “Sí, ¿por qué?”. Y yo le respondí: “¡Ahhh, entonces sos vos la chica que me dijo que no me llevaba a bailar!”. Y ella me preguntó si yo era el chico rubio, y yo le dije que sí.
            Al día siguiente salí con la tía Cintia de la casa de la abuela Perla. Me encontré con tu mamá en la esquina, y le dije: “¿Salimos hoy?”. Ella me preguntó a dónde, yo le contesté que a bailar. Ella me dijo que no la iban a dejar; yo le dije que iba a hablar con la abuela Moni.
            Al llegar la noche, llegué a la casa de mamá y subí para hablar con la abuela, y le dije que si la dejaba venir, porque era el cumple de la tía Karen. Me dijo: “Ok, vayan, pero a las 4: 30 am acá, si no, no va más”. Llegada esa hora, mamá  estaba en su casa.
            Llegado el día 10/1/2012 le mandé un mensaje a mamá diciéndole que había pasado una noche genial, y que si ella estaba dispuesta a ser mi novia… Ella me respondió del celular de la tía Emilse diciendo que también la había pasado genial y que sí, que estaba dispuesta a ser mi novia.
            Y desde ese día, mamá y papá están de novios.



Características del personaje:

Una niña que se llamaba Mía, que vive en la ciudad de Buenos Aires, en Catán.
Su familia está compuesta por dos abuelas, un abuelo y un bisabuelo. Seis tíos: tres mujeres y tres varones. Papá y Mamá. La situación económica de su familia es media. Ella es rubia y de ojos verdes.


Victoria 

            Mi nombre es Jésica, tengo 15 años y tres hermanos. Mi hermana Carmen tiene 17 años, mi hermanito Adán tiene 13 y mi hermanita Zulma es la menor, tiene 10 años. Les voy a contar mi vida del pasado.
            Cuando yo tenía 6 años vivíamos en un campo. Mis papás tuvieron problemas y se separaron; dos meses después mi papá murió con una enfermedad.
            Mi mamá nos dejó a Carmen y a mí, se fue a la ciudad con mis hermanitos menores; dijo que cuando encontrara un lugar fijo donde vivir y un trabajo seguro, volvería por mí y por mi hermana; nos dejó con mis padrinos.
            Ellos eran muchos, tienen 6 hijos, todos son menores de 8 años. Nuestro trabajo era pasear ovejas. Éramos cuatro: yo, Carmen, mi prima de 8 años y mi primo de 7 años; pasábamos día tras día paseando ovejas. Mi hermana y mi prima tenían la suerte de ir al colegio; ellas sólo cuidaban a mediodía y, cuando llegaban las vacaciones de invierno, la pasábamos bien: mientras las ovejas comían pasto nosotros jugábamos en los pozos que había cerca de la casa. Así pasamos un año sin mamá y sin mis hermanitos.
            Ya había pasado un año, mi mamá no vino por nosotros.
            En una noche de luna llena sentí que alguien abrió la puerta. Rápidamente me levanté y desperté a mi hermana; cuando salimos afuera, al patio, y vimos a mis hermanitos, nos pusimos re contentos. Minutos después llegó mi mamá y nos abrazó tan fuerte que por un momento sentí que se me cortó la respiración, nos llenó de besos y dijo: “Preparen sus cosas, ¡vine por ustedes!”. Y rápidamente agarramos lo más importante y salimos corriendo de la pieza. Estábamos tan felices que olvidé despedirme de mis primos.
            Cuando llegamos a la ciudad, mi mamá nos llevó a la pieza donde vivía. Al día siguiente fue a inscribirnos al colegio. Meses después, noté preocupada a mi mamá y me acerqué a hablar con ella, a pesar de que yo era muy chica (tenía tan solo 8 años). Me dijo que tenía problemas económicos. La plata que ganaba no le alcanzaba para pagar el alquiler, los materiales del colegio, para los alimentos de la casa. Éramos cuatro y mi mamá no podía con nosotros.
            Decidí buscar algún trabajo. Mis vecinas eran mayores de edad y no tenían hijos; me dijeron que me iban a hacer estudiar a cambio de que yo me vaya a vivir con ellos. Mi hermana tenía 10 años. Nos sentamos a hablar por los problemas económicos y decidimos ir a trabajar.
            Carmen se fue a trabajar de vendedora en el mercado hasta medio día, y en la tarde estudiaba. Yo me fui a vivir con mis vecinos. Mi mamá en un principio no quiso que nos fuéramos, pero después, lo aceptó.
            Dos años después, un día domingo, nos juntamos en la pieza en donde alquilábamos. Mi mamá nos dijo que lo mejor era que nos fuéramos a otra provincia. Vino el micro y partimos.
            Cuando llegamos, entramos a comer a un restaurante. Pasamos la noche en la calle porque no encontramos un lugar donde dormir. Al día siguiente, mi mamá fue a buscar trabajo, mientras nosotros nos quedamos en la calle cuidando nuestros bolsos. Ella volvió contenta porque había encontrado trabajo de cocinera, pero nos faltaba buscar un lugar donde vivir. 
            Nos quedamos tres noches más en la calle.
            Un día se acercó una señora (era mayor de edad); mi mamá no estaba porque se había ido a trabajar. La señora nos preguntó si estábamos solos y yo le dije que estábamos con mi mamá y no teníamos dónde dormir, y entonces la señora nos llevó a su casa y nos dio una pieza, frazadas y una cama. A la tarde yo fui a donde estaba mi mamá para buscarla, para que no se preocupe.
            Cuando llegué con mi mamá y le conté todo, ella se sorprendió. Nos fuimos rápidamente a la casa de la señora. Cuando mi mamá vio a la señora se sorprendió mucho y se abrazaron tan fuerte que por un momento pensé que mi mamá se había quedado sin aire; yo no entendía nada, ellas hablaban de mi abuelita y yo me metí y les pregunté si se conocían, y me respondieron que sí. Luego nos explicaron que la señora Máxima era nuestra bisabuela.
            Nosotros nos sorprendimos porque nos habían dicho que ella estaba muerta, pero ahora vi que estaba más joven que mi propia abuela.
            Después de 20 años se reencontraron. Lo primero que mi mamá hizo fue llamar a mi abuelita para darle la noticia. Mi abuela pensó que su mamá ya había fallecido.
            Desde ese día todo cambió. Yo ayudaba a mi bisabuela en un bar de comida que tenía, mi mamá siguió trabajando, mi hermana se quedaba en casa cuidando a mis hermanitos y a la vez estudiaba. Pero después de tres años dejó el colegio porque tenía mala junta; ella salía de casa diciendo que iba al cole, pero no iba. Meses después tuvo un hijo con el novio; él se fue y no quiso hacerse cargo del niño. Con todo eso, mi mamá estaba mal, pero después se solucionó todo y seguimos nuestras vidas. 

Ilustraciones: Cristian